UN REINO DE CASTILLOS Y MONASTERIOS

El espacio es una dimensión que se ha ido transformando a lo largo del tiempo. Una territorio como Navarra que, en la actualidad, nos puede parecer reducido, hace unos siglos era sin duda un gran Reino. El viajero lo siente así a poco que empieza a descubrir sus pueblos y ciudades, sus iglesias fortificadas e imponentes castillos. A poco que uno se interese por sus orígenes es fácil aprender muchas historias sobre las idas y venidas de los caballeros que hace siglos habitaron estas tierras. En algunos de sus monumentos históricos reposan los restos de sus reyes y las reliquias de su pasado.
Palacio Real de Olite desde sus torres (Navarra, 2015)


Vista del Palacio desde el norte (Navarra, 2015)
El Palacio Real de Olite (3,50 /adulto) fue sin duda el castillo que más fascinó a Ernest y Ferran: ¡uau, este si que es un castillo chulo de verdad! Y aunque no pudieron evitar recordar que "los castillos de Escocia tenían más cosas: cocina, cuadra, muebles, ropas, armas y todo eso...". Se sintieron emocionados subiendo y bajando torres y almenas, recorriendo aquellas bellas estancias a las que sólo faltaría engalanar adecuadamente con alguna exposición que explicase los acontecimientos que allí tuvieron lugar y los avatares del Reino de Navarra. Es una pena no aprovechar un enclave así como lugar para la enseñanza y el aprendizaje. Tenemos tan reciente nuestra visita a los castillos de Edimburgo y Stirling que no podemos evitar las comparaciones... Y es que Olite, impacta. Por su castillo, por su plaza, su pueblo, sus murallas... Todo te transporta al medievo.
Corriendo por las almenas del Palacio Real de Olite (Navarra, 2015)
Los jardines interiores lugar de encuentro de príncipes y la "princesa fotógrafa"
El castillo de Marcilla es uno de esos ejemplos de restauraciones que permiten transformar un espacio abandonado en un lugar de uso público que además permite disfrutar a los visitantes y residentes con un maravilloso monumento. Data del siglo XV y fue la mansión palaciega de los marqueses de Falces. Situado en medio de la plaza de este pequeño pueblo cercano al cauce del río Aragón, cualquiera queda cautivado ante la visión de su enorme foso dentro del cual se elevan sus preciosas paredes de color dorado. Fue Ana de Velasco quien en 1516 impidió su demolición ordenada por el Cardenal Cisneros, durante la invasión castellana de Navarra. 
El Castillo de Marcilla, recién restaurado (Navarra, 2015)
Durante cuatro siglos aquí se guardó la armadura y la espada "Tizona" del Cid Campeador, entregada en custodia por el rey Fernando el Católico. En su interior hay en la actualidad una biblioteca, una sala de cine y un centro de música,  así como una oficina de informacion cultural y turística. Utilizar así los recursos y ofrecer además a los habitantes de un pueblo la posibilidad de recuperar su patrimonio, nos parece todo un acierto.
Paseando por el foso del Castillo de Marcilla (Navarra, 2015)
Seguiremos nuestro recorrido un poco más al norte, en la Abadía de San Salvador de Leyre o Monasterio de Leyre (3 /adulto y 1,50 /niño). El lugar se encuentra justo en el límite provincial entre Huesca y Navarra, junto al embalse de Yesa, en medio de unos hermosos bosques mixtos de robles y carrascas, bajo las imponentes paredes del macizo calcáreo. Es posible alojarse allí y hacer excursiones por diversas sendas. Junto a la abadía pasa el ramal del Camino de Santiago que viene de Jaca. 
Monasterio de Leyre y su hospederia (Navarra, 2015)
La cripta sorprende por sus majestuosas columnas (Navarra, 2015)
Recorrimos el lugar solos y nos dieron las llaves de la iglesia para visitarla libremente y, al entrar en aquel espacio tan recogido, allí estaban los monjes rezando con sus cantos en gregoriano que nos embelesaron inmediatamente. La iglesia es una maravillosa obra románica de gran valor: vale la pena entretenerse a ver los detalles del pórtico con los niños que divertidos interpretan las imágenes con su imaginación. Excavada bajo la iglesia, hay que descubrir la centenaria cripta que nos recordó a un bosque de robustos troncos de piedra.  
Detalle del pórtico románico del monasterio (Navarra, 2015)
En el interior de la nave de la iglesia descubrimos el viejo baul donde se guardan los restos de los primeros reyes del Navarra. Es sorprendente como en un espacio tan reducido pueden quedar atesoradas las esencias de aquellos que en el pasado dirigieron los destinos de un pueblo. Uno piensa en esas gentes que actualmente deciden en gran medida muchos aspectos de nuestra existencia, que gozan de un poder y privilegios injustificados, que además abusan de ellos sin complejos... Pero acabarán como todos nosotros: polvo somos... Si bien ellos además perdurarán en esas placas -pagadas con dinero público- con las que han engalanado nuestras calles y plazas. 

La cripta es un lugar mágico en el que aprendimos la historia del Abad San Virila. Aquel monje dirigía el monasterio a finales del siglo X pero vivía atormentado por sus dudas sobre la vida eterna en el cielo. Un día salió a pasear por el bosque y allí quedó extasiado mientras escuchaba los cantos de un ruiseñor. Cuando despertó y regresó al monasterio, nadie le reconoció: habían pasado 300 años! De esta manera Dios quiso ayudarle a entender el misterio de la eternidad. Cuentan que un ruiseñor le portó el anillo que le designaba como auténtico abad del lugar y así,  los hermanos, le creyeron... Son historias preciosas, mitos, leyendas, cuentos que nos cautivan y ayudan a interpretar la realidad. Hoy es posible conocer aquí más detalles de la vida monástica que aún perdura.

San Virila en su sueño (Monasterio de Leyre, Navarra 2015)
El Castillo de Javier  (2,75 /adulto) surgió en el siglo X como una simple torre de vigilancia para defender el valle del río Aragón de las huestes de Almanzor. La base de esta torre es la más antigua de su género que se conserva en Navarra. En el siglo XIV se había transformado en un verdadero castillo,  propiedad de la família Azpilicueta. Allí nacería Francisco de Javier, hoy patrón de Navarra junto a San Fermín, el 7 de abril de 1506. San Francisco acabaría convirtiendo este pequeño pueblo en un lugar de peregrinación por ser uno de los más destacados jesuitas de la primera generación y por su labor misionera en el Extremo Oriente. 
Acceso al castillo o santuario de Javier (Navarra)
Lo que hoy se visita es una completa reconstrucción pues el lugar quedó reducido a un simple caserón en el siglo XIX. Pero la orden de los Jesuítas ha hecho un ingente trabajo y una gran inversión: el lugar llama la atención, no solo por el castillo en sí, también por su engalanamiento, las obras expuestas y los dioramas donde se recrea la vida de San Francisco de Javier (obra de López Furió, artista valenciano).
Algunas de las escenas sobre la vida de San Francisco de Javier (Navarra, 2015)
La fortaleza del Cerco de Artajona se alzaba entre las suaves colinas amarillas del suroeste de Pamplona. Este pequeño pueblo ha recuperado su fortaleza y sus nueve bestorres (antaño fueron catorce) que junto a la enorme iglesia-fortaleza de San Saturnino (s. XIII) crean un conjunto muy relevante. Visitamos el lugar prácticamente solos. El acceso es libre y gratuito aunque también se organizan visitas guiadas los fines de semana. Algunas de las casas están habitadas y otras ofrecen servicios de turismo rural, aunque la mayor parte de los habitantes viven en el pueblo situado a los pies del cerro, en la cara sur de las murallas. La fortaleza data del siglo XI y llama la atención sobre todo por la estructura de sus torres abiertas por la parte interior.
Vista de la fortaleza desde la carretera (Artajona, Navarra 2015)
Las bestorres del cerco de Artajona (Navarra, 2015)
Y terminamos nuestro recorrido en el Baluarte de la Taconera y el resto de fortificaciones de Pamplona. Un recorrido de 5 km en los que descubrir a pie o en bicicleta el casco histórico de esta agradable  ciudad. Desde el Fortín de San Bartolomé donde se sitúa el centro de interpretación se puede hacer un agradable paseo sobre las murallas, junto al río Arga, bajo la sombra de grandes árboles y visitando emblemáticos lugares como el punto desde el cual arrancan los encierros en las famosas fiestas dedicadas a San Fermín. 
Las murallas de Pamplona sorprenden cuando son vistas desde la Taconera (Navarra, 2015)
Después es inevitable introducirse por el barrio antiguo, visitar la pequeña Plaza del Ayuntamiento y la gran Plaza del Castillo, bajo la cual, en el parking, pueden descubrirse las antiguas murallas de un gran castillo hoy inexistente. Después hay que imaginarse en pleno Encierro corriendo por Estafeta y Mercaderes hasta llegar agotados a la Plaza de Toros lugar junto al cual iniciamos nuestro recorrido.
Monumento a los Encierros cercano a la Plaza de Toros de Pamplona (Navarra, 2015)
Alicante es también tierra de castillos y no nos sorprende recorrer la provincia y vislumbrar en las colinas estas construcciones de otras epocas, pero hay que reconocer que los castillos de Navarra nos han impresionado por su cantidad, sus belleza, su diversidad arquitectónica y su estado de conservación.  Son tantos que el viajero se ve obligado a seleccionar de entre todos unos cuantos. Lo hemos pasado fenomenal y os recomendamos insistentemente una escapada a estas tierras altas del Ebro. Y si os faltan motivos, no os olvidéis de este detalle importante: para reponer fuerzas en el viaje esas tierras ofrecen esquisitos manjares...
¡La gastronomía de Navarra sí merece un monumento!
Para saber más os recomiendo este blog sobre los Castillos, fortalezas y palacios de Navarra y la web del Reino de Navarra con toda la información para organizar el viaje.

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