MÁS ALLÁ DE SALVADOR DE BAHÍA

Pensar en Brasil es pensar en muchos tópicos que uno encuentra nada más aterrizar, pero además hay muchas otras cosas que cada uno descubrirá a través de su propia experiencia. Pensar en Bahía es lo mismo pero con más intensidad. El estado de Bahía, en el extremo nordeste del país carioca, guarda tesoros maravillosos capaces de saciar el gusto de cualquier viajero: música, arte, comida, historia y tradición, modernidad, negritud, playas, mestizaje y religión... Lo mejor es que hay tanto y tan especial que cada uno podemos descubrir un rincón donde envolvernos de la magia de esa región, probablemente, única en el mundo.
Morros, formaciones características de la Chapada (Brasil, 2006)
La Chapada Diamantina es una zona montañosa que recorre el interior del estado de norte a sur y que atesora enclaves preciosos para los amantes de la naturaleza deseosos de aislarse, por su propio pie, en lugares recónditos alejado de la "civilización". Geológicamente es un enclave caracterizado por el origen de sus formaciones calcareas en las que el agua ha creado espacios increíbles. Cuevas, cascadas, barrancos y valles surgen en medio de la vegetación que llega a ser exhuberante en muchas zonas. Las bromelias y orquídeas dan a la flora un valor especial.

Para llegar hasta allí hay que hacer un largo desplazamiento en bus desde Salvador pasando por Feira de Santana e Itaberaba. Visitar la región es posible alojándose en varios pueblitos. Nosotras teníamos previsto pasar unos pocos días en Lençois però, fue tal el hechizo, que a última hora cambiamos de planes para regresar y seguir explorando aquellas montañas también desde Mucugé. Hasta aquella región aún no llegan demasiados viajeros por lo que es fácil disfrutar de sus recónditos valles y barrancos en soledad.
Cachoeira Palmital, (Brasil, 2006)
Probablemente, hoy en día, es posible guiarse por las trilhas -senderos- con un GPS, sin embargo, es mucho más recomendable dejarse acompañar por un buen guía capaz de mostrar detalles inapreciables al visitante. Dadao y Rogelio nos acompañaron en nuestro deambular por la Serra do Macaco y el Valle do Paty y nos ayudaron a hacer de aquellos días una experiencia inolvidable. Las excursiones pueden limitarse a sencillas rutas en coche parando en algunos enclaves para dejarse fotografiar o bien cargarse con la mochila  la espalda y recorrer durante varios días diversas zonas. Dependiendo del trayecto el guía se encargará de transportar la comida y los enseres necesarios o deberá ser uno mismo el que añada algo más de peso a su propia espalda.

LA SERRA DO MACACO Y LA CACHOEIRA FUMAÇA

Lençoise es una pequeña ciudad que debe su fundación a la época en la que el oro y los diamantes atrajeron hasta allí decenas de personas en busca de una oportunidad. Posee el encanto de otros pueblos brasileños con sus casas de origen colonial de grandes ventanales de diversos colores, sus calles son tranquilas y tiene una amplia plaza a la que se accede tras cruzar un precioso puente de piedra que permite superar el río de aguas bravas que delimita el casco urbano.

El sendero sale desde la parte alta de la localidad e inmediatamente te introduce en un mundo natural de vegetación arbustiva y boscosa. Hay que caminar con ánimo y a buen paso pues el camino es exigente, aunque no difícil. Los torrentes ofrecen recompensas a cada paso y es fantástico disfrutar de buenos baños en aquellas aguas color café que más bien recuerdan a una bebida de cola. Hay que cruzar varios ríos y ganar fuertes desniveles antes de llegar a la primera zona de acampada. Algunas preciosas cascadas -como la Cachoeira do Palmital y la Capivara- reconfortan, sobre todo, si el calor y la humedad se vuelven insoportables. Nosotras tuvimos suerte protegidas por las maravillosas nubes tropicales que sólo dejaron caer alguna gota de lluvia en momentos puntuales.

Nuestro guía nos indicó acertadamente dónde debíamos colocar nuestra tienda. Lo comprobamos a la mañana siguiente cuando el barranco bajaba muy crecido y nos despertó temprano con un ruido ensordecedor. La cena fue excelente pero lo mejor fueron las picocas (palomitas de maíz) con las que Dadao nos obsequió y que nos zampamos alegremente mientras él cocinaba y conversábamos juntos "de lo divino y de lo humano".

Las jornadas posteriores fueron bastante más exigentes pues debíamos ascender el fuerte desnivel que nos separaba de la Cachoeira Fumaça. La senda es increíble. Las vistas alucinantes y la recompensa maravillosa. Tras el esfuerzo, llegar hasta allí y observar aquella pared vertical de más de cuatrocientos metros de altura por la que precipita la cascada es un regalo indescriptible. Hay que asomarse reptando hasta el borde del precipicio y, en mi lugar, controlar los nervios provocados por el vértigo de verse suspendido en el vacío. Literalmente, "allí llueve hacia arriba". La cantidad de agua era tal que al caer, el aire la empujaba hacia arriba y nos empapaba refrescándonos y haciéndonos sentir mejor que en cualquier complejo hidrotermal.
Cachoeira Fumaça (Brasil, 2006)
Se puede acceder hasta este lugar por un sendero más corto que parte desde Palmeiras y recorre el Vale do Capão. Es más accesible pero no permite disfrutar de la cascada desde la parte inferior de la sierra.
Nos despedimos de aquel lugar con dificultad. Las vistas de aquellos montes colosales eran impresionantes. Sólo nos convencimos al saber que en Lençois nos esperaba una noche de baile que debíamos aprovechar antes de irnos al hostal a recuperar fuerzas.
Lençois, batucada nocturna (Brasil, 2006)
Abandonamos Lençois sin saber que una semana después estaríamos nuevamente por aquellas tierras. Antes fuimos a conocer las "marmitas de  gigante", unas curiosas formaciones geológicas que se forman en aquellos barrancos cuando los cantos van oradando los conglomerados que constituyen sus fondos. Son enormes pozas en las que el agua se arremolina y que ahora las mujeres aprovechan para lavar la ropa si la fuerza de la corriente lo permite.
Nos alejamos en un autobús viejo y polvoriento. Íbamos felices y nostálgicas camino de nuestro siguiente destino en el estado de Sergipe, hacíamos balance y en nuestra mente maduraba la idea de regresar cuanto antes.

Marmitas de gigante en el río Lençóis (Brasil, 2006)

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