DESCUBRIENDO MANHATTAN

¡Cómo pasa el tiempo! Ya hace más de once años que aprobé mis oposiciones a profesora de secundaria. Por aquel entonces yo era una joven sin oficio ni beneficio que no lograba hacerse un hueco en la universidad. Hubiera querido ser investigadora y profe allí pero no era fácil conseguir hacerse con una plaza. Demasiada gente y pocas oportunidades en aquella universidad en la que, comparando con lo que ocurre ahora, aún entraba dinero para investigar. Como tantos otros, me dedicaba a llamar a diversas puertas mientras disfrutaba de la vida sin horizontes que marcasen mi destino. Con mi amiga del alma hacia proyectos, planeaba viajes y me imaginaba soltera para siempre. Pensábamos que acabaríamos nuestros días viviendo juntas cual "Las Chicas de Oro", aquellas estupendas solteronas canosas e interesantes, alegres y feministas, independientes y orgullosas de una vida gozada al máximo. 




Pero mira tú por donde que aprobé las oposiciones y ciertas cosas cambiaron. En aquel mes de julio, cuando menos lo esperaba, varias de las puertas a las que había llamado, se abrieron simultáneamente. Decidí, entonces, renunciar a una beca de doctorado y a un trabajo en la ciudad de Napa, cerca de San Francisco en California.


New York (USA, 2002)
Central Park, New York (USA, 2002)





















Aposté todo a la enseñanza. Conocí a mi compañero de vida. No renuncié a la soltería -porque me gusta este estado vital- pero ahora la acompañan nuestros dos hijos. Y quién sabe, no descarto en absoluto, ese plan de convivencia ideal con mi querida amiga como colofón a mi proyecto vital. 

Todo cambió pero, vamos a lo que vamos, porque éste es un blog con apuntes para viajeros y hasta ahí quiero llegar. El caso es que aquel verano me encontré, de pronto, con un billete de ida, pero sin vuelta, a San Francisco. Con unos cuantos dineros y la expectativa de un sueldo seguro en el mes de septiembre. ¡Eso era un cambio radical! Y decidí aprovecharlo.


New York (USA, 2002)
Naciones Unidas, New York (USA, 2002)
Si no hubiera sido por esta circunstancia yo no habría visitado New York porque era un lugar que no me atraía lo más mínimo. Allí me encontré: viviendo doce días en Manhattan al estilo "couchsurfing" de la época, es decir, en casa de los amigos de una amiga  que ahora són mis amigos. Y hoy, que estoy haciendo huelga con un constipado tremendo que me tiene recluída en mi sofá, recuerdo todo ésto porque sólo tengo fuerzas para leer y viajar con Elvira Lindo a la Gran Manzana. Me río con ella mientras leo sus "Lugares que no quiero compartir con nadie" y rememoro aquellos días únicos del abrasador y húmedo verano neoyorquino en los que disfruté de la ciudad como "una niña con una ciudad nueva". He regresado otras veces y todas han sido fantásticas pero aquella primera vez ha dejado en mí una huella especial. 
New York desde el Empire State Building (USA, 2002)



















Viví en la calle 76 en West Side justo al lado del Museo de Historia Natural y de Central Park, junto al edificio Dakota en el que vivió el mítico Lennon hasta que una mañana decidió salir a pasear. Paseaba por allí donde yo pasaba cada mañana junto al mosaico lleno de flores que recuerda su muerte. Y me río con Elvira porque también ella va a comprar verduras frescas a Fairway y se siente una inadaptada porque no consigue beberse un café caliente en un vaso de papel mientras pasea por la ciudad. Yo, como ella, prefería sentarme en cualquier terraza a tomarme una maravillosa madalena o un pastel de manzanas mientras veía la vida pasar. O simplemente, sentarme en un rinconcito en Times Square y observar el bullicio en el corazón palpitante de la ciudad.


Caminaba sin parar y después quedaba con mi amigo Bill a comer en la 42. En un pequeño local, en el jardín de la biblioteca que hicieron famosos los "Ghostbusters", o en la Estación Central. Daba igual. Sus conversaciones y el entorno me llenaban de felicidad. Después regresaba a su pequeño apartamento agotada y dormía una siesta mientras la ciudad seguía vibrando sin parar. 

Estación del metro del Museo de Historia Natural, New York (USA, 2002)
Por las noches, Anita y Bill me llevaban a cenar y yo descubría que el mundo entero estaba en NY city. Hoy un japonés, mañana un koreano o una increíble hamburguesa, pasado un thai con estilo francés. Siguiendo los dictados del New York Times y de su propio instinto, me descubrían restaurantes increíbles en los que siempre debíamos hacer cola para entrar. Porque en Nueva York hay que hacer cola, si no haces cola la cena no merece la pena. Aunque reserves con antelación, casi siempre hay que esperar, y así vas preparándote para la experiencia culinaria mientras conversas con tus acompañantes alegremente. 
Brooklyn Bridge, New York (USA, 2002)
Una tarde decidí subir al Empire State para aprovechar el cielo limpio y despejado de aquel día que ya anunciaba su anochecer. Otro día fui al MOMA y otro, al Metropolitan. Por supuesto no falté a mi cita con la ciencia en el Museo de Historia Natural. Nunca tenía prisa, simplemente me dejaba llevar. Me encantaba ir en metro y observar a la gente tan diversa que allí se transportaba. Viejos con su periódico en japonés, negros con sus enormes sudaderas, latinos que inundaban el espacio con su familiar spanglish... 

Disfruté de cada rincón de Manhattan mientras me preparaba para una nueva vida que estaba por llegar. Aún no lo sabía pero un día regresaría de nuevo a New York y sería en Navidad. Esos días helados, llenos de luces y del mercantilismo navideño desbordante en los que todos corren para comprar. Y allí puse el broche final a una etapa de mi vida. Allí, de nuevo en el Empire State, junto a la gran antena que hizo inolvidable el entrañable King Kong, decidí vencer mis miedos y apostar por mí misma al adentrarme en el misterioso mundo de la maternidad.




Etiquetas: , , , ,