VALLE DE LA LUNA EN EL INVIERNO ATACAMEÑO

Ayer amaneció el día con el tiempo cambiado. Grandes nubes grises cubrían el cielo y había nieve en las cimas de la cordillera. Aprovechamos la mañana para visitar el Valle de la Luna. Es un lugar alucinante: un paisaje verdaderamente insólito.

Primero visitamos unas angosturas y cuevas de trazado serpenteante que han sido excavadas por el agua en los sedimentos de arena y sal. A pesar de lo insólito, el lugar nos era familiar, pues se asemejaba, aunque a gran escala, a ciertos lugares de nuestra geografía, como el Barranco de Salinas, junto al río Monnegre. Los niños disfrutaron escalando por las paredes de sal y atravesando los túneles con sus linternas y nosotros tuvimos que retorcernos para seguir sus pasos en algunos puntos en los que la caverna se estrechaba o donde resultaba demasiado baja para caminar erguidos.  
En el valle, llaman la atención los enormes pliegues del terreno, los depósitos de sal, las estructuras dejadas por la erosión... Pero, sobretodo, impresionan las grandes dunas que ha formado el viento. Para nosotros fue todo un gozo ascender a una de ellas, la Gran Duna, tal como es denominada por los lugareños. Lo más paradójico es que ascendimos mientras unas pocas gotas de lluvia dejaban sus marcas en la arena. No podíamos imaginar todavía que eran el presagio del aguacero que estaba por llegar.  
  
El camino está muy bien trazado, al asegurar la integridad de la duna, al impedir a los visitantes que caminen sobre la arena de la misma. La vista desde la cima es fabulosa. Además estuvimos allá prácticamente solos. Era como contemplar un paisaje lunar. Tal vez por ello, en parte, el nombre del valle. Aunque también se dice que dicha denominación proviene de la visión de ensoñación que se tiene en el lugar, en una noche de luna llena.  
Hoy hace un día decididamente invernal. Anoche llovió bastante, y la lluvia dejó San Pedro y los alrededores a oscuras. Pasamos la tarde jugando a hacer sombras con las linternas e inventando historias que creábamos entre los cuatro. El suministro de electricidad no se ha restablecido hasta el mediodía de hoy. Los niños se durmieron temprano. A nosotros nos costó más pues estábamos preocupados por el riesgo de inundación. El Ayllu de Coyo está situado junto al derramador del Río San Pedro y es habitual que se desborde cuando hay lluvias abundantes en la cordillera. Tan sólo nos tranquilizaba pensar que muy probablemente era nieve lo que caía sobre las montañas.  
Esta mañana nuestros pensamientos se han visto confirmados puesto que, a medida que se desgajaban las nubes, los cerros y volcanes han aparecido cubiertos por un grueso manto de nieve. Esto ha tornado el paisaje mucho más espectacular, inmenso y majestuoso.

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