VALPARAISO: IMPRESIONES EN UN LIENZO

Tal vez sea este ambiente otoñal, fresco, brumoso y gris, el que nos hace experimentar un cierto decaimiento respecto a esta ciudad "porteña". Ahí está la bahía y el océano azul, allá los cerros con sus casas de vivos colores, la ciudad bulliciosa y abierta al mundo, un pasado glorioso construído por tantas gentes llegadas de tantos lugares que supieron sobreponerse a los intensos terremotos, así como a otros muchos desastres. Pero no los vemos.


Al pasear por las calles del Plan, junto al puerto, nos parece estar en el New York de los años '20. Grandes edificios albergan los suntuosos bancos en donde antaño se registraban las importantes transacciones económicas asociadas a la bulliciosa actividad comercial del puerto. Al subir a los cerros, descubrimos las preciosas mansiones construidas por los emigrantes alemanes e ingleses llegados aquí en el siglo XIX, contribuyendo al prodigioso auge de Valparaiso.  
Pero hoy el día está gris y todo este deslumbrante dinamismo parece tan sólo el fantasma de un tiempo pasado que no ha de volver. Parece como si el tiempo corriera en contra de esta ciudad y que en su incesante correr la dejase día tras día desmejorada.  
¿A dónde vas Valparaiso? En cada esquina, en cada calle, en cada iglesia y en cada plaza encontramos testimonios de personas que han dejado aquí su impronta, contribuyendo a forjar la singular personalidad histórica de esta ciudad. Esto mismo fue lo que supieron reconocer algunas personas, hace unos años, y por ello promovieron, con gran esfuerzo, su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad. Falta ver si el testigo que ellos han dejado es recogido por los porteños para tratar de devolver a esta ciudad su propia y distintiva vitalidad.  
Estas sensaciones nostálgicas son como la humedad del mar, se nos han metido en el cuerpo, haciéndonos difícil gozar plenamente de los encantos de este lugar. Sin embargo, lo hemos intentado. En muchos rincones hemos descubierto detalles singulares y, por primera vez, hemos pensado en comprar un recuerdo para nuestra casa: un cuadro de vivos colores que retrata el alma alegre de esta ciudad. Hemos pensado con añoranza en nuestro hogar. Y es por ello que nos hemos ilusionado con la posibilidad de evocar, una vez allí, Valparaiso con la misma dulce sensación que hoy nos embarga al pensar en quienes nos esperan y en nuestro cálido y luminoso mar.

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