REFUGIO TINQUILCO: UNA CABAÑA JUNTO AL LAGO

Éste fue el primer lugar que elegimos para alojarnos cuando planeábamos nuestro viaje, hace cosa de un año. Uno de los libros que nos incitó a pensar en esta aventura fue Walden, de Henry D. Thoreau. El libro narra la experiencia que vivió el propio Thoreau durante más de dos años en la cabaña que él mismo construyó junto al lago Walden, en Nueva Inglaterra. Tal como explica en el libro, se fue allí para alejarse de la vida civilizada, para conocerse mejor a sí mismo y para "aprender lo que la vida tenía que enseñarle". También nosotros buscamos conocernos a nosotros mismos, con este viaje. Por ello pensamos que un lugar como éste, apartado del mundo, junto a un pequeño lago de montaña podía ser un buen lugar para ello.   


Además, este refugio es muy especial. Patricio, su propietario, lo construyó a conciencia, con el objeto de hacer de él un auténtico refugio, es decir, un lugar en donde los hombres y mujeres aquejados por el sinsentido de sus vidas encontraran un espacio acogedor y bello en donde volver a encontrarse consigo mismos. De hecho, él mismo ha hecho de este lugar su propio refugio.   
Después de una vida asediada por las innumerables responsabilidades y ansiedades que van aparejadas al hecho de haber dirigido, durante años, los servicios informativos de la televisión pública chilena, vislumbró, en un momento de crisis personal y profesional, que en vez de tratar de dejar huella en el mundo lo importante era reducir su propia huella en el planeta, optando por un modo de vida sencillo y sustentable, y apostar por ejercer sobre los otros un tipo de influencia más indirecto e intangible que la que había tratado de ejercer a través de los medios de comunicación.   
Hoy en día es productor de documentales, pero durante la mitad del año está aquí, en su refugio, atendiendo personalmente a quienes vienen buscando un refugio -la mayoría jóvenes que buscan un sentido para sus vidas. Él les ofrece este refugio, les abre las puertas de su casa, les cocina, se sienta con ellos a la mesa, participa en sus conversaciones y, si le preguntan, les cuenta la historia de cómo descubrió, en ese mismo lugar, que el mundo estaba equivocado y que, a pesar de ello, sólo podría contribuir a mejorarlo si se esforzaba por cambiarse a sí mismo, desde el reconocimiento de lo que él era y de lo que deseaba hacer con su vida, en realidad.   
Quizás lo más atractivo del lugar -a parte del mismo Patricio y de su refugio- sea el lago. Antes de estar aquí hemos visto muchos lagos, todos ellos de una gran belleza. Éste, sin embargo, es especial, porque es un lago de montaña y, por ello, sus proporciones son menores. Es un lago de dimensiones humanas. Es fácil surcar sus aguas a remo en todas direcciones. Y la idea de cruzarlo a nado no resulta descabellada, ni siquiera para un nadador poco experimentado. Si no hay viento, su superfície es tan lisa como un espejo y cualquiera puede descubrirse a si mismo en sus tranquilas aguas. Aunque suene un poco narcisista, no lo es, realmente, ya que quien no es capaz de verse y reconocerse a si mismo difícilmente verá y reconocerá al otro.

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