NUESTRO PEQUEÑO GUÍA: EL ASOMBRO DE LOS EXCURSIONISTAS

El refugio de Patricio está magníficamente situado para adentrarse en el Parque Nacional Huerquehue, es por ello que no hemos dejado correr la ocasión para aventurarnos en él y disfrutar, con los niños, de otro fantástico día de contacto con la naturaleza.



A las diez de la mañana, cuando salimos del refugio, el sol empezaba a despuntar sobre los peñascos del cerro San Sebastián, de unos 1.900 metros de altura. Por delante nos esperaba una dura jornada, puesto que el sendero de los lagos remontaba el valle del lago Tinquilco, situado a unos 700 metros sobre el nivel del mar, y ascendía hasta una cota de 1.300 metros, donde se encuentran los lagos que pretendíamos visitar. Esto, además, en un recorrido de poco más de 3 km, lo que da una idea de lo árdua que se nos presentaba la caminata. Como dificultad añadida, especialmente para Ernest, los responsables parque han dispuesto, en buena parte de la ruta, de largos trechos de peldaños que no han sido diseñados en absoluto pensando en pequeños excursionistas como él.


Con todo, iniciamos la ruta con buen ánimo. Ernest iba al frente de la expedición, ejerciendo como guía. Con su bastón de colihue (caña del bambú del terreno) indicaba a Ferran - que inicialmente caminaba - los peligros del sendero, fuesen piedras o raíces, así como los encantos del lugar, riachuelos, árboles gigantes, insectos, etc.

Esta primera parte de la excursión nos conducía a través de un bosque amplio y umbroso, que semejaba una inmensa cúpula vegetal sostenida por una vastísima columnata de colosales troncos de árboles, algunos de un diámetro superior a los dos metros, que se elevaban hacia lo alto varias decenas de metros.

La majestuosidad del lugar nos forzaba a guardar silencio, devotamente, como si hubiésemos ingresado en un lugar sagrado. Pero los niños, en cambio, daban gritos de sorpresa y correteaban alegremente entre los árboles, expresando de forma muy distinta el placer que experimentaban al hallarse en un lugar tan sobrecogedor.

Quizá sorprenda saber que este maravilloso bosque no forma parte del Parque Nacional. En realidad, es una propiedad particular. Porque en Chile, tal como nos explicó enfáticamente Patricio, la propiedad privada es sagrada. Y los parques tan sólo pueden constituirse sobre terrenos de titularidad pública. Por suerte, buena parte de estos bosques fueron adquiridos, no hace muchos años, por personas que tenían bastante claro que un lugar así debía ser preservado. El mismo Patricio fue uno de ellos, y personalmente se encargó de convencer a un buen número de amigos y conocidos para que, como él, adquiriesen un pedazo de bosque con el fin de protegerlo. Su sueño sería llegar a conformar un parque natural privado, auspiciado por el común empeño de los que, al igual que él, aman este lugar tan mágico.

Tan pronto como hemos entrado en los terrenos del Parque Nacional, el sendero ha empezado a ganar pendiente. Es un sendero muy transitado por excursionistas, por ello no nos ha sorprendido que un nutrido grupo de jóvenes mochileros sudorosos nos haya adelantado, entre resoplidos y jadeos, dejando atrás el tranquilo y regular ritmo que imponía Ernest a nuestra caminata.

Sin embargo, tras avanzar un trecho no muy largo, nos hemos vuelto a encontrar con el mismo grupo de jóvenes, sentados en los bordes del camino, con las mochilas por el suelo, bebiendo y recuperando el aliento, antes de proseguir la marcha. Así pues, los hemos adelantado, nuevamente, sin prisas, y a pesar del gesto de contrariedad de algunos de ellos, molestos, al parecer, con la idea de tener que volver a adelantarnos, otra vez, en un sendero tan estrecho y empinado. De hecho, así ha sido. A los pocos minutos, volvíamos a tener al grupo jadeante a nuestras espaldas, pidiéndonos paso libre. Educadamente, les hemos cedido el paso, y ellos nos han adelantado de immediato, con grandes zancadas.
Pero no había transcurrido aún mucho rato, cuando los hemos vuelto a encontrar descansando. En esta ocasión, su gesto ha sido de desconcierto, más que de enojo, ante la seguridad y el andar firme y parsimonioso de nuestro pequeño guía. Lógicamente, nos han vuelto a adelantar poco después. Y por ello han llegado antes que nosotros a la primera meta de la excursión: el Lago Chico. Envueltos en la bruma, hemos vislumbrado las primeras copas de araucarias, lo cual nos indicaba que estábamos llegando a la parte alta del valle, coronada por este árbol de aspecto inverosímil que suscitaba ansias y desvelos a la bióloga de nuestro pequeño grupo expedicionario.
De repente, el sendero ha empezado a descender y, al poco rato, el lago se nos ha hecho visible a través de espesas cortinas de niebla, pertenecientes a una nube que por momentos se desgajaba y parecía dejar paso a los rayos del sol.   Pasamos junto al grupo de excursionistas, entretenido en fotografiarse con el lago a sus espaldas. Nosotros buscábamos una playa donde acampar, así que optamos por no detenernos aquí. Teníamos referencias de que el siguiente lago, el Lago Verde, era un buen lugar para darse un chapuzón. Así pues, continuamos.
Poco después, el grupo de excursionistas nos ha alcanzado otra vez. Ahora, no obstante, su aspecto es más relajado y jovial, por lo que nos confiesan abiertamente su asombro ante la firmeza y la resistencia de Ernest, como caminante, a pesar de su corta edad.   Por fin, nuestros caminos se separan. Ellos van hacia el Lago Toro. Nos hemos quedado solos. Ahora sí, Ernest da muestras de cansancio y el Lago Verde no aparece... Pero llegamos, al fin.

Es un lugar bello. Con una disposición anímica apropiada, subir una montaña puede suponer un ejercicio espiritual, a parte de ser un ejercicio para las piernas. Allá arriba se experimenta un gozo sosegado y el rostro de uno aparece relajado, sin una arruga ni un gesto de preocupación, como la superfície del lago.   Mientras contemplamos silenciosos el lugar, Ferran corretea de un lado a otro, después de haber hecho la mayor parte de la excursión a la espalda de su padre. Ernest pinta un camión de bomberos que nos ha pedido que le dibujemos. Tomamos el picnic que traemos. Descansamos y recogemos unos pocos piñones de araucaria para la cena. Es nuestra cosecha de hoy. Esto, y la experiencia que guardamos cuidadosamente en nuestro interior.

FRAGMENTO DE LA "ODA A LA ARAUCARIA ARAUCANA" DE PABLO NERUDA
Alta sobre la tierra te pusieron,
dura,
hermosa araucària de los australes
torre de Chile,
punta del territorio verde,
pabellón del invierno,
nave de la fragància. 
Ahora, sin embargo, no por bella
sino por el racimo de tu especie,
por tu fruta cerrada,
por tu piñón abierto.
Deja caer en mi alma
tus granadas
para que las legiones se alimenten
de tu especie en mi canto.
Árbol nutricio,
entrégame la terrenal argolla
que te amarra
a la entraña lluviosa de la tierra,
entrégame tu resistencia,
el rostro y las raíces firmes
contra la envidia,
la invasión,
la codicia,
el desacato.
Tus armas deja
y vela sobre mi corazón,
sobre los míos,
sobre los hombros de los valerosos,
porque a la misma luz
de hojas y aurora,
arenas y follajes,
yo voy con las banderas
al llamado profundo de mi pueblo!
Araucaria araucana
aquí me tienes!

Etiquetas: , , , , , , ,