TIEMPO PARA LA COMUNICACIÓN Y LA REFLEXIÓN

Llueve, llueve, llueve... Ya van tres días de lluvia. Esta mañana el Sr. Luis nos ha regalado unas flores rojas a la Sr. Lucía y a mí. Un detalle emocionante y significativo que muestra en casa de quienes estamos.


Tan sólo salimos de casa a la tarde, si cesa de llover, para ver como Luís atiende y alimenta a las ovejas y las llamas, y por ver si ha nacido algún otro corderito. Ernest pinta sin cesar trenes y transbordadores en un continuo de hojas unidas con precinto que alcanza ya los 6 o 7 metros de longitud y Ferran juega con los juguetes que llevamos o se esconde debajo de las mantas. Hace frío.
Nuestro mayor entretenimiento son las charlas interminables con nuestros anfitriones, sobretodo durante el desayuno (empieza a las 8:30 h, pero puede acabar a las 10:00 o las 11:00 h perfectamente). Hasta ahora nos han puesto al día, en líneas generales, sobre la realidad política del país y de la zona. Pero también ha habido tiempo para comparar nuestros respectivos modelos políticos, sanitarios y educativos. En realidad, a pesar de los recortes y de los déficits democráticos que nosotros lamentamos, nuestra situación es francamente envidiable. Cuando les hablamos de nuestras prestaciones ponen ojos como platos. Casi nos avergüenza explicar ante ellos las razones de nuestras protestas. Tanto Luís como Lucía han sido educadores. Ahora están jubilados (ella, de hecho, se jubiló esta misma semana). Ambos forman una linda pareja de santiaguinos que vinieron a Chiloé hace trece años, hastiados de la vida en la ciudad y atraídos por el aura mítica y el encanto rural de esta tierra.
Viven la política intensamente y su afiliación ideológica es inequívoca, como lo ponen de manifiesto los retratos que cuelgan de las paredes de su estudio, en donde comparten espacio Allende, Neruda y el Che. Como es lógico, echan pestes de la derecha chilena (los "momios", así los llaman), pero también reniegan de la Concertación (el partido de Bachelet) y tienen como modelos a Evo Morales, Castro o Chávez (su muerte les ha afectado bastante, de hecho). Con todo, valoran extraordinariamente el papel que jugó la Iglesia chilena durante el golpe de estado. Ambos fueron activistas de izquierda en aquella época y el padre de Lucía fue uno de los "desaparecidos" durante aquel período. Lucharon por mantener viva la memoria de las víctimas del golpe, y también colaboraron en la fabricación y el contrabando de "miguelitos" (clavos de acero doblados para reventar las ruedas de los carabineros). Todo ello bajo el amparo de la Iglesia. Ahora valoran muy críticamente el actual período democrático ("Ya no nos detienen, no nos torturan, ni nos hacen desaparecer. Pero no ha cambiado nada más.") y se quejan de la escasa conciencia política de los jóvenes, aunque elogian el papel y las reivindicaciones de las organizaciones estudiantiles.


A nosotros nos resulta inevitable establecer algunos paralelismos con nuestra historia reciente -aunque sólo algunos. Sin embargo constatamos la existencia de un mismo desencanto con la política, tanto aquí como allí, tras una época en la que una generación entera vivió la política como una cuestión trascendental. Parece que en ambos lugares el progreso económico y la entrada de lleno a la cultura del ocio y el consumo han desvanecido por completo los ideales políticos. Por eso nos preguntamos si no hay otra opción entre el desencanto y el activismo político... Porque a pesar de los logros notables en materia social (sobretodo en Europa, aquí no tanto), gracias a la conciencia política progresista de la generación que nos antecede, el hecho es que el ideal del estado del bienestar languidece y la nueva generación (la nuestra) asiste a un nuevo horizonte lleno de incertidumbres.

¿Deberemos retomar la "lucha" política y social, otra vez, o surgirá, quizás, la aspiración de una auténtica virtud cívica que empuje la sociedad en una nueva dirección? Toda "conquista" política o social es transitoria, así como hay avances, también puede haber retrocesos... Y los hay, no cabe duda. Pero mientras que la conciencia política es militante y aspira a cambiar las cosas, la virtud cívica es constante y aspira a mejorarlas. La primera, además, cambia las cosas por medio de la acción política. La otra, en cambio, opta por mejorarlas gracias a la educación y el autoperfeccionamiento. En fin, dado el estado actual de cosas, quizás fuese oportuno preguntarnos si no debiera tener prioridad la virtud frente a la ideología. Es un dilema que viene de lejos: ¿cambiamos el gobierno para que cambie la sociedad o mejoramos a los individuos para que la sociedad mejore? Por vocación, nosotros hemos optado por contribuir a la mejora del mundo a través de la educación. No es una tarea fácil -más bien parece ardua y difícil-, pero nadie dijo que iba a serlo. Todo lo que requiere esfuerzo y tiempo es valioso. Y ésto vale la pena.

Etiquetas: , , , , ,