UNA ESTANCIA MUY AGRADABLE

Hemos decidido prolongar nuestra estancia en casa de la Señora Ariela. Estamos tranquilos. Aquí hay cosas extraordinarias...como un tractor enorme que Ernest y Ferran están arreglando... Hay vacas y un chancho -un cerdo-, además de una moderna serrería y, por supuesto, la escuela con sus columpios, una rudimentaria pista de basket y la clase de música.

Un señor viene a ayudar a Ariela con el huerto, la leña, los animales y el cuidado de la escuela. Está limpiando y adecentando todo porque en pocos días empieza el nuevo curso escolar. No me atrevo a preguntar pero creo que la pérdida del marido debió ser imprevista, parece que todo se detuvo de repente. Hay demasiadas cosas en "stand-bye".


Estos días le hemos pedido que nos prepare ella la comida. Prepara dos servicios, para Pau y para mí, pero son tan abundantes que comemos los cuatro y además son platos caseros, saludables y bien ricos. Es como si nos cocinara la Yaya María: sus caldos de gallina, su merluza rebozada con huevo y harina, excelentes guisos de carne, legumbres, ensaladas de lechuga y tomate y una compota de manzana riquísima. Además hace el pan y dulces caseros. Se abastece en gran medida de su huerto y de un invernadero en el que tiene un poquito de todo.

Ayer, sabiendo que no debíamos preocuparnos de prepararnos la comida, aprovechamos la mañana para recorrer la Punta de las Tres Cruces. Es el cabo situado al este de aquí. Salimos caminando desde casa y recorrimos los cuatro kilometros que nos separaban del cabo. El pequeño faro y la base militar estaban bastante abandonados. Sólo vimos a un gran cerdo retozando por allí, quizá era el comandante... Nos acordamos de "Animal Farm".

Para bajar a la playa tuvimos que atravesar un bosque espeso a través de un increíble túnel de vegetación. Ésta vez fueron los leones marinos los que nos dieron la sorpresa de la mañana. Regresamos a casa por la costa, por la orilla del mar. Casi tres kilómetros de playa virgen donde decenas de aves iban y venían sin parar.

En fin, tras ese paseo, la comida de Ariela y la siesta... Decidimos que teníamos suficientes motivos para alargar nuestra estancia aquí...

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