TORRES DEL PAINE: "LES MUNTANYES QUE TOQUEN EL CEL"

En palabras de Ernest, "les muntanyes que toquen el cel". Estas montañas se alzan verticales hasta arañar el cielo. Este macizo, es un sistema montañoso independiente de la cordillera de los Andes y alcanza las mayores alturas de la región de Magallanes, superando los 3000 m de altitud. La visión de estas torres es increíble por su forma, la manera de penetrar en el cielo, por cómo las nubes se enganchan en sus cimas y por la combinación de colores: el negro de las rocas sedimentarias y el gris claro de los granitos. Si a esto le añadís la infinidad de lagos preciosos, los saltos de agua y las montañas áridas que combinan sus colores terrosos con los azules del cielo y el agua.... Toda una paleta de colores para deleitarse. 

Este lugar está en Chile pero muy cerca, geográficamente, de la zona donde el Perito Moreno se recarga de hielo. Comparten el Campo de Hielo Sur y son varios los Parques Nacionales que se reparten el territorio. Sin embargo, el acceso a las zonas chilenas es mucho más dificultoso. Para que os hagáis un idea, ayer debimos recorrer 120 km para llegar a la zona más accesible del parque -una buena parte por pista de grava- y desde allí surgen centenares de kilómetros de sendas para recorrer el macizo montañoso con refugios bien equipados y camping para los valientes excursionistas. 
No hay duda que en este país están haciendo un esfuerzo por recuperar, en algunos lugares, los antiguos terrenos ganaderos y también para facilitar el acceso del turismo. Pero todo tiene su cruz. Cuando le pones la etiqueta a un territorio de Parque Nacional o Reserva de la Biosfera, también lo pones en riesgo pues de pronto las guías y agencias turísticas ponen el acento sobre él. Y así ocurrió aquí el año pasado, un gran incendio devastó toda la zona sur del parque. La negligencia de un turista y el viento provocaron el desastre. 

Ayer nosotros hicimos nuestra excursión casi siempre en medio del bosque quemado. A pesar de ello, fue increíble. Los esqueletos blanquecinos de los árboles destacaban sobre el manto verdoso de las plantas que ya habían rebrotado y las montañas con sus cumbres completaban el paisaje. No pudimos disfrutar de los bosques que debían dominar antaño la región y recordamos los bosques nativos de la Isla Navarino que todavía lucen con todo su esplendor. Sin duda alguna, si el amante de la naturaleza quiere conocer esos bosques en estado puro debe viajar hasta allí, al sur del Canal de Beagle.

El viaje en coche había sido lento pero muy reconfortante, la excursión de una hora a pie nos permitió estirar las piernas y llegar hasta el Mirador de los Cuernos. Allí comimos, el tiempo nos dio una tregua, lució el sol, las cumbres apenas sin nubes. Ernest pudo dormir su siesta en aquel espacio tan alucinante mientras nosotros contemplábamos las montañas, el glaciar del Francés, el lago Nordernskjöld y el Cerro Aleta de Tiburón. Para volver al coche nos tocó cargar a la espalda con los niños porque no estaban por la labor de caminar. Un esfuerzo más en este viaje que a veces se torna agotador.
Regresamos por una pista de tierra entre paisajes increíbles cuando ya empezó a hacer mucho frío. Pudimos observar varios grupos de guanacos y, finalmente, las estancias ganaderas que han arrasado todo el bosque original en las afueras de la reserva. 


Realmente es un lugar increíble que esperamos volver a pisar sin prisas en un futuro. ¿Quién sabe si un día podremos caminar por la famosa ruta W? ¿Quizá sean Ernest y Ferran quienes vengan en nuestro lugar? Sea como sea, confiamos en que aquí las autoridades gestionen el acceso con criterio y que no se convierta en un lugar de visita masiva. Aunque, realmente, no podrá serlo nunca porque la propia naturaleza pone sus limitaciones a los posibles visitantes.

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