CONTIGO, MÁS ALLÁ DEL FIN DEL MUNDO



Hoy Pau y yo celebramos nuestro sexto aniversario y nos hemos venido hasta este lugar a celebrarlo... Cuando decides iniciar una vida en común con otra persona debes plantearte cuáles son tus necesidades y las suyas para así planificar unos objetivos e intentar realizar tus deseos que, en parte, pasarán a ser deseos comunes. De un modo más o menos consciente todos hacemos este camino pero, sobre todo, nos mueve la ilusión y el entusiasmo, el enamoramiento que nos lleva a pensar: "contigo, al fin del mundo". Bueno, pues aquí estamos, una vida en común, una familia, un viaje y muchos planes para seguir creciendo como individuos y, por tanto, como pareja.

Hoy hace un dia "de perros": lluvia y viento, el canal embravecido y nosotros disfrutamos de la vista desde el sofá, pensando que mañana debemos cruzarlo en una embarcación denominada, eufemísticamente, semi-rígida... Ya veremos... Mejor no pensar en los registros de naufragios ocurridos a lo largo de la historia en estas aguas... Lo peor podría ser que quizá debamos permanecer aquí unos días más.

Así que, mientras que los niños ven dibujos en la tele o juegan a barcos y cohetes en sus camas, nosotros conversamos y reflexionamos sobre lo que nos ha ofrecido esta estancia en Puerto Williams. Cuanto más paseos das por aquí más consciente te haces de las dificultades para gestionar el tipo de sociedad que los seres humanos hemos montado en el planeta.
Los seres humanos vivimos de espaldas al planeta, a la naturaleza. Cuando tienes la posibilidad de visitar un lugar tan aislado como éste, aún te haces más consciente. Pero esta isla no es más que una representación a pequeña escala de lo que ocurre en la Tierra. Nuestra vida en el planeta se está convirtiendo, poco a poco, en un hecho insostenible.

La desconexión entre la vida en las ciudades y el entorno natural en en cual están instaladas es gravísima. No es previsible que está situación mejore, al contrario. Muy probablemente, la problemática ecológica se hará más aguda y urgente. Todo esto es evidente aquí, en la orilla sur del Canal Beagle. La mayor parte de las personas viven de espaldas a esta increíble isla que les proporciona agua y leña, un espacio en el que vivir gracias a los suministros que llegan desde el continente.
¿Pero hasta cuándo? Aquí no se tratan las aguas residuales, cada año se talan muchos árboles para dar calor a las casas, no se separan los residuos ni se gestionan, la chatarra y los coches viejos se acumulan en las calles, la energía eléctrica se obtiene del gas que se transporta hasta aquí periódicamente, la llegada de alimentos y productos está subvencionada por el gobierno...
Y esto ocurre así en todo el planeta. Podemos creer que aquí o allá hay iniciativas que mejoran o palían estos problemas pero realmente no son suficientes, el cambio ha de ser profundo e intenso.
Puerto Williams se encuentra en la Zona Tampón y de Transición de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Uno de los pocos lugares del planeta donde no ha habido intervención directa del "hombre industrial". Sin embargo, se sienten sus efectos. Podríamos pensar que, por el hecho de ser una reserva, aquí deberían extremarse las acciones para la protección y cuidado de este espacio. Por desgracia, la política de "protección por islas" no es adecuada y, si algo ha quedado evidenciado con los famosos "recortes", es que aquello que creamos de manera accesoria "porque nos lo podemos permitir" y no como una necesidad fundamental, es infravalorado y destruido cuando las condiciones económicas se vuelven  restrictivas.

Pero no olvidemos que las verdaderas restricciones són las ecológicas y éstas determinaran las restricciones sociales. Es por ello que deberíamos situar a la ecosofía como uno de los principios educativos en nuestras sociedades, con la ambición de conseguir una profunda comprensión emocional e intelectual del problema que implica nuestra relación con el medio natural.

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