LOS LENTES DE ALLENDE

Esta noche, aún día 15 de enero en Santiago, sólo os escribo una pequeña nota en relación a la visita que hemos hecho al Museo de Historia Nacional. Un museo pequeño y tranquilo que resume la historia de este país de poco más de 200 años. Eso sí, se inicia el relató mucho antes, con las culturas precolombinas y termina justo en el momento del golpe de estado con algunos recortes de periódico que hacen referencia a cómo se relato el inicio de esa amarga etapa de este país. 


Sin embargo, aquello impactante ha sido encontrarme delante de los lentes de Salvador Allende. La mitad de esa gafa que quedó en un rincón de una escalera en el Palacio de la Moneda y que una señora rescató por casualidad. Años después, con la llegada de la democracia, las donó al museo.


Hemos seguido el día disfrutando de este verano austral y del mercado central, hemos comido de picnic en la Plaza de Armas, nos hemos tomado unos helados y les hemos comprado algunos juguetes a los niños -todo es necesario. 

La nota especial de la jornada la ha puesto el conductor del autobús que queríamos tomar para regresar a "casa". Caía un sol abrasador, hemos preguntado y una chica nos ha indicado el bus al que debíamos subir. Decididos nos hemos lanzado cuando ha llegado el autobús pero... era necesario el bono bus... no venden tickets en el autocar... Pero la suerte estaba de nuestro lado: el conductor nos ha mirado, el calor de las dos de la tarde, dos niños en un "carro" y unos padres sudorosos... ¡Anden, súbanse por la puerta de atrás! Y así lo hemos hecho... Cuánta gente buena hay por el mundo. Y eso me hace digerir mucho mejor la sensación amarga que me han dejado esta mañana los lentes de Salvador.

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