DE CAMINO AL EXTREMO SUR DEL CONTINENTE AMERICANO

Puerto Hambre fue el primer asentamiento de españoles por estas tierras. En 1584 se fundó aquí la Ciudad del Rey don Felipe. Sus habitantes no lograron sobrevivir a las duras condiciones de vida y poco después todos murieron de inanición, por eso el lugar recibe este nombre. Hoy, en pleno verano austral, es una bahía idílica y relajante. Un lugar ideal para retirarse.   

Nosotros hemos acudido al Fuerte Bulnes situado en una colina cercana. Para acceder a la reserva natural hay que pasar un punto de control y pagar la tasa. Es un lugar muy agradable donde se ha recreado, en su asentamiento original, el fuerte edificado por el Capitán Williams, aquel que llegara con el Ancud para tomar posesión de estas tierras para Chile en 1843. Ellos tuvieron mejor suerte que los españoles en Puerto Hambre pero, lo inhóspito del lugar les obligó a buscar un mejor emplazamiento en la zona llama por los ingleses Sandy Point.   


Sin embargo, los verdaderos poseedores de este territorio, eran los indios tehuelches o aonikenk que sí habían sabido adaptarse a las duras condiciones del clima patagónico. Imposible fue sobrevivir a los cambios sufridos con la llegada de europeos al extremo sur del continente americano.   

La mañana ha sido feliz y tranquila. Hemos llegado en nuestra furgoneta desde Punta Arenas después de hacer 60 km de distancia por carretera y por una pista arenosa en buen estado. Una vez allí, hemos recorrido los senderos desbordantes de vegetación. Muchas plantas estaban en flor y otras con pequeñas bayas. Era tan increíble que me he animado ha abrir una nueva sección en el blog dedicada a la flora y la fauna que vayamos encontrando y pueda fotografiar. A pesar de las limitaciones de mi cámara compacta, espero que podáis disfrutar.   





Para acabar la jornada hemos continuado hacia el sur por una pista arenosa muy transitada con el objetivo inalcanzable de alcanzar el Faro San Isidro que es el que se sitúa más al sur en el continente. El lugar era increíble, una playa de cantos con el bosque de robles y hayas llegando hasta el mar. Había centenares de familias disfrutando del domingo y haciendo carne asada en improvisadas hogueras por todas partes. ¡La mayoría dentro del bosque! El paseo, recogiendo conchas y tirando piedras, la merienda mientras empezaba a subir la marea y las vistas de la Cordillera Darwin con sus cimas nevadas han puesto el broche de oro al día.   

De regreso, Ernest y Ferran han disfrutado como "niños de los ochenta" del tranquilo trayecto en coche. Pegando botes con los baches, abriendo ventanillas para disfrutar de la brisa, cogidos de los asientos saludaban a los otros coches o se ponían de pie para ver cómo Pau conducía. Yo sentada detrás junto a ellos, les permitía esta licencia atendiendo a la realidad normativa de este país pero, sinceramente, con los temores de la "niña ochentera" que ya de adulta está plenamente condicionada por sus rutinas.


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