EL CERRO DE SAN CRISTÓBAL Y EL PARQUE DE BOMBEROS

Esta mañana era fresca y luminosa. El barrio Bellavista amanecía calmado y tranquilo mientras el resto de la ciudad era un hervidero de coches y gente acudiendo a sus lugares de trabajo. Hemos vuelto al Cerro San Cristóbal que ayer domingo estaba atestado de familias disfrutando de la jornada. Aún no eran las 10 y ya estábamos esperando el bus gratuito que lleva a la cumbre, junto a un jardín dominado por una imagen de 13 m. de María Auxiliadora -otro testimonio de la influencia de los padres Salesianos en estas tierras.

Desde la cumbre a más de 800 metros de altitud se domina la ciudad a pesar de que la polución y la calima limitan mucho la visibilidad. Es curioso porque la vegetación de esta ciudad me hace sentir en nuestro levante mediterráneo. El intercambio de especies de plantas es evidente: palmeras datileras han sido plantadas por doquier, junto a los olivos comparten su espacio con eucaliptos, araucarias y pinos, falsas pimientas y mimosas, además de otras especies desconocidas para mí.
El clima seco de este verano austral y la luz clara me hacen sentir como en casa. Poco a poco nos vamos ubicando. Ya regresamos al hostal y nos sentimos cómodos. Hoy hemos comido nuestras primeras empanadas chilenas: de pollo y queso, de carne (ternera) y queso y de acelgas, choclo (maíz) y queso. ¡RIQUÍSIMAS!
La mañana ha terminado dándole a Ernest su regalo más esperado: visitar el parque de bomberos. Hemos aprendido que aquí los bomberos son voluntarios que dedican parte de su tiempo a esta actividad. Hemos disfrutado con una exposición de viejos coches con sus campanas  y cubos de agua. Ernest ha podido subir a uno de ellos. ¡Que satisfacción!
Ferran mientras tanto dormía la siesta y, ahora, yo os escribo mientras él juega a mi lado con una niña francesa que está dando la vuelta al mundo con sus padres y hermano (llevan 3 años con la mochila a cuestas!!!!). Ahora Pau y Ernest descansan.


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